Google Glass reabre el debate sobre la videovigilancia y el derecho a la intimidad en la sociedad

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Las reacciones de la sociedad americana a Google Glass están adquiriendo una intensidad muy destacable. Los orígenes argumentales de todas las críticas son dos: el derecho a la intimidad y la preocupación por la vigilancia total automatizada. Entre sus ciudadanos ha surgido un movimiento llamado Stop the Cyborgs que está haciendo campaña contra las gafas inteligentes de los de Mountain y que está reuniendo un cuerpo teórico con el que enfrentarse a las fáciles críticas que los tildan a sus impulsores y simpatizantes de estar en contra del progreso y de retrógrados.

Esta es una manifestación más formal que la hizo aquel bar de Seattle, el The 5 Point Café, que prohibió la entrada a personas vistiendo este gadget por respeto al anonimato de sus clientes. Los puntos de conflicto con Glass se sitúan en los mecanismos que posibilitan que sea un dispositivo de realidad aumentada. Estos son la cámara activa con herramientas de análisis digital de imágenes para reconocimiento de lugares, logotipos, hitos, pero principalmente el reconocimiento facial. Esa mediación constante, no ya con el entorno, sino con las personas es lo que convertiría al hombre en un cyborg. Stop the cyborgs Pongámonos en situación. Vistiendo la gafas inteligentes cuando conociéramos una nueva persona, el software de Google analizaría su cara y nos daría información de la misma que ya está disponible en internet, es decir, perfiles en redes sociales principalmente, aunque también otros datos en los que la etiquetación de imágenes haya tenido lugar. Esto sería un problema perceptivo, en el que grandes corporaciones tendrían el control sobre la primera impresión que tenemos de las personas y mediarían nuestra experiencia. La cultura como parte fundamental de la experiencia también media en la percepción de nuevas y viejas situaciones pero es más difícil determinar qué es exactamente lo que decide nuestros juicios. Se tema la eliminación de las barreras entre el perfil real y el perfil online.

Lo anterior sería a nivel personal, pero extrapolan el problema a un nivel social. A día de hoy ya contamos en nuestra realidad con muchísimas herramientas para la vigilancia. El CCTV o los circuitos cerrados de televisión con cámaras de videovigilancia siguen creciendo en todas las ciudades del mundo. Tener dispositivos móviles vestidos directamente por las personas multiplica exponencialmente su capacidad. Más allá de lo que el usuario pueda decidir, vistiendo Glass lleva un dispositivo abierto al mundo para lo bueno o para lo malo. Esta no es la única iniciativa, aunque quizás la más seria hasta ahora.

También hemos conocido la apertura de una web, simplemente llamada NO GLASS,  donde se anima a establecimientos del mundo a inscribirse para manifestar que en su interior no se podrá vestir las famosas gafas siguiendo así la estela de The 5 Point Café. De momento, tiene poco éxito, pero ya ha sido fruto de las bromas y alguien a inscrito a Apple.

En este otro artículo, recogíamos parte del debate sobre los posibles riesgos para la salud de Google Glass, otro de sus focos de críticas.

Fuente: Stop the Cyborgs

 

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