
Amazon ha dado un golpe de efecto en el negocio de las comunicaciones espaciales al anunciar la compra de Globalstar por 11.570 millones de dólares, unos 9.900 millones de euros al cambio. La operación, todavía pendiente de las autorizaciones regulatorias, refuerza de forma directa la red de satélites de órbita baja de la compañía, Amazon Leo (antes Project Kuiper), y la sitúa en una mejor posición para competir con Starlink, la constelación de SpaceX que lidera hoy el mercado.
Más allá de la cifra, el movimiento busca algo muy concreto: que un móvil convencional siga conectado incluso cuando no haya cobertura terrestre. Para ello, Amazon no solo se queda con la flota de satélites de Globalstar, sino también con su espectro radioeléctrico en banda L y con su experiencia operativa en conexiones direct-to-device (D2D), un campo clave en el que Europa y España también están muy pendientes por su impacto en la conectividad rural y en la seguridad.
Una de las mayores compras de la historia de Amazon
La adquisición de Globalstar se sitúa entre las operaciones corporativas más importantes de Amazon. Solo la compra de la cadena de supermercados Whole Foods, cerrada en 2017 por 13.700 millones de dólares, la supera en importe, mientras que deja atrás otras apuestas relevantes como la adquisición de MGM Studios, valorada en unos 8.500 millones.
El acuerdo fija un precio de 90 dólares por acción de Globalstar. Los accionistas podrán elegir entre cobrar esa cantidad en efectivo o recibir 0,3210 acciones ordinarias de Amazon por cada título que posean. No obstante, el componente en metálico está limitado: como máximo, el 40 % del total de acciones de Globalstar se podrá liquidar en efectivo, y el resto se convertirá automáticamente en títulos de Amazon mediante un mecanismo de prorrateo.
El precio supone una prima superior al 31 % sobre el cierre bursátil del 1 de abril, cuando todavía no se habían filtrado las conversaciones formales entre ambas compañías. En algunos análisis se menciona incluso una prima mucho mayor si se toma como referencia la cotización de meses anteriores, lo que refleja la relevancia estratégica de los activos de Globalstar más que sus resultados financieros actuales.
Además, el acuerdo incluye una posible reducción de hasta 110 millones de dólares en el importe total si Globalstar no cumple ciertos hitos operativos, entre ellos el despliegue del satélite de reemplazo HIBLEO-4. Se trata, en la práctica, de una cláusula de protección para Amazon ligada al avance técnico del proyecto.
Los accionistas de Globalstar que representan aproximadamente el 58 % del poder de voto ya han dado su visto bueno por escrito, allanando el camino para el cierre definitivo, que las partes sitúan en torno a 2027, pendiente de la luz verde de los reguladores —incluida la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) en Estados Unidos— y del cumplimiento de los hitos de despliegue acordados.
Qué se lleva Amazon: satélites, espectro y experiencia D2D
Globalstar no es una marca de consumo masivo en Europa, pero en el sector de las telecomunicaciones satelitales móviles lleva décadas siendo un actor de peso. Nació como una joint venture impulsada por Qualcomm y Loral y puso en órbita sus primeros satélites de órbita baja (LEO) en 1998. A finales de 2025, la compañía contabilizaba cerca de 800.000 suscriptores a sus servicios móviles vía satélite, muchos de ellos centrados en seguridad, localización y comunicaciones críticas.
En la actualidad, Globalstar opera en torno a dos docenas de satélites LEO, con una ampliación de su constelación ya en marcha que debería elevarla hasta unos 54 satélites, incluyendo unidades de respaldo. Su red ofrece cobertura a buena parte del planeta, con presencia en Estados Unidos, Canadá, Europa, América Central y del Sur, lo que encaja con la ambición global de Amazon Leo.
Sin embargo, el activo más codiciado no son solo los satélites, sino el espectro licenciado en banda L (banda MSS). Este tipo de frecuencias permite establecer conexiones de baja potencia directamente entre los satélites y dispositivos como teléfonos móviles convencionales, sin necesidad de antenas voluminosas ni equipos especializados. Obtener ese espectro desde cero es prácticamente imposible en muchos países, porque se trata de un recurso escaso, regulado y ya asignado en gran medida.
Con la operación, Amazon se queda con las licencias de espectro MSS con autorizaciones globales, las estaciones terrestres, la infraestructura de control y la experiencia operativa de Globalstar. Esta combinación es la que permite a Amazon impulsar los servicios Direct-to-Device (D2D) de su futura red Leo, una de las grandes apuestas de la casa de Jeff Bezos para diferenciarse de sus rivales.
El plan pasa por integrar los satélites existentes y los de nueva generación de Globalstar con la constelación de banda ancha Amazon Leo, creando una arquitectura híbrida capaz de ofrecer tanto internet de alta velocidad mediante terminales específicos como conectividad directa a móviles y otros dispositivos compatibles.
Amazon Leo: de Project Kuiper a red global con ambición europea
Amazon Leo, el nombre con el que la compañía ha rebautizado a su anterior Project Kuiper, es la gran apuesta de la empresa para plantar cara a Starlink en el negocio de la conectividad satelital. El objetivo declarado es desplegar alrededor de 3.200 satélites en órbita baja para 2029, con la mitad de ellos en funcionamiento antes de las fechas límite fijadas por los reguladores.
Según la propia Amazon, el despliegue a gran escala arrancó en abril de 2025 y, a día de hoy, la compañía asegura tener ya más de 200 satélites en órbita antes del lanzamiento oficial de sus servicios comerciales. El estreno a gran escala de Amazon Leo está previsto para mediados de 2026, momento en el que se espera que ofrezca conectividad de banda ancha en distintos mercados, incluyendo Europa.
La empresa promete un rendimiento notable: en sus informes internos habla de que la red Leo ofrecerá entre seis y ocho veces más capacidad de subida y el doble de velocidad de bajada frente a soluciones satelitales actuales, además de un coste por bit inferior al de otras alternativas. Esto resulta especialmente atractivo para operadores y gobiernos europeos que buscan llevar internet a zonas rurales sin depender solo de fibra o 5G.
En paralelo, Amazon ya ha cerrado acuerdos con una batería de socios de peso. Entre los clientes y colaboradores que menciona la compañía se encuentran aerolíneas como Delta Airlines y JetBlue, operadores como AT&T, Vodafone y DirecTV Latinoamérica, la Red Nacional de Banda Ancha de Australia y organismos como la NASA. En el caso de Vodafone, con una fuerte presencia en España y Europa, la sinergia con Amazon Leo podría traducirse en nuevas ofertas combinadas de conectividad terrestre y satelital en los próximos años.
La apuesta no es precisamente barata. Amazon ya anticipa un aumento de unos 1.000 millones de dólares en costes de satélites para el primer trimestre, frente al año anterior, lo que refleja la aceleración del programa Leo. Internamente, el mensaje del equipo directivo, encabezado por Andy Jassy, es claro: se trata de dominar la plataforma de infraestructura, controlar la curva de costes y construir ventajas difíciles de replicar para los competidores.
Conectividad directa al móvil: el salto al D2D a partir de 2028
Uno de los grandes cambios que trae la compra de Globalstar es la capacidad de Amazon para acelerar el despliegue de sus servicios direct-to-device. Hasta ahora, buena parte del negocio satelital se ha centrado en llevar internet de alta velocidad a hogares, empresas, barcos o aviones usando terminales específicos. Lo que Amazon quiere reforzar ahora es la capa en la que un teléfono móvil estándar puede seguir recibiendo señal en mitad del campo, en alta montaña, en el mar o tras una catástrofe que deje fuera de servicio la red terrestre.
La tecnología D2D de Globalstar está pensada para conexiones fiables y de bajo consumo de datos directamente a dispositivos móviles, sin necesidad de antenas de telefonía cercanas. Se trata de enlaces adecuados para servicios de mensajería, voz básica, localización y, sobre todo, funciones de emergencia, donde unos pocos bits bien enviados pueden marcar la diferencia.
Amazon planea aprovechar esta base para lanzar, a partir de 2028, su propio sistema satelital D2D de nueva generación. La idea es ir más allá de los servicios de emergencia y ofrecer capacidades avanzadas de voz, datos y mensajería a teléfonos móviles, tabletas, portátiles y relojes inteligentes, siempre que sean compatibles con los estándares acordados con los fabricantes y operadores.
Panos Panay, vicepresidente sénior de Dispositivos y Servicios de Amazon, ha resumido la ambición de la compañía con una frase muy directa: hay “miles de millones de personas que viven, viajan o trabajan fuera del alcance de las redes actuales”. Amazon Leo, afirma, nace para cerrar esa brecha, combinando la experiencia de Globalstar con la escala y el enfoque en el cliente de Amazon.
En esta misma línea, la compañía también está moviendo ficha en otros frentes de conectividad satelital. Hace apenas unas semanas presentó la Leo Aviation Antenna, una antena pensada para aviones comerciales que promete ofrecer velocidades de hasta 1 Gbps de descarga y 400 Mbps de subida durante el vuelo, sin cortes en rutas oceánicas. Es otro ámbito donde Starlink se había adelantado, y donde Amazon no quiere quedarse atrás.
Alianza estratégica con Apple para iPhone y Apple Watch
Globalstar se había convertido en los últimos años en un proveedor clave para Apple. La firma de Cupertino utiliza su red para alimentar funciones como Emergencia SOS vía satélite y servicios de búsqueda y localización en los iPhone y Apple Watch compatibles. En 2024, Apple llegó a invertir alrededor de 1.500 millones de dólares en Globalstar, tomando aproximadamente un 20 % del capital como parte de ese acuerdo.
La compra por parte de Amazon podría haber sido un choque frontal con los intereses de Apple, pero los tres actores han optado por el pragmatismo. Amazon ha anunciado un acuerdo específico con Apple para garantizar que las funciones de seguridad satelital, como SOS de emergencia o Buscar mi iPhone, continúen prestándose sin interrupciones para los usuarios de iPhone y Apple Watch.
En una fase inicial, estos servicios seguirán funcionando apoyándose en la actual constelación de Globalstar y en los nuevos satélites que ya estaban planeados. Más adelante, a medida que Amazon Leo vaya desplegando su propia infraestructura, la idea es que la red de Amazon pase a ser la columna vertebral de las funciones satelitales futuras en los dispositivos Apple, manteniendo y ampliando la compatibilidad.
Desde Apple, directivos como Greg Joswiak han subrayado la importancia de mantener y evolucionar estas capacidades, recordando que la función de emergencia satelital ya ha contribuido a salvar vidas en distintos países desde su lanzamiento. Para Amazon, contar con Apple como cliente ancla representa una fuente estable de ingresos y un incentivo para acelerar el despliegue de la red Leo.
Este modelo —un gran proveedor de infraestructura que opera la red y un fabricante de dispositivos que la utiliza para servicios avanzados— encaja con la estrategia de Amazon de posicionarse como plataforma de referencia en conectividad espacial, trabajando de la mano no solo con Apple, sino también con operadores móviles (MNO) y socios de distintos sectores.
Competencia directa con Starlink y el impacto en Europa
La compra de Globalstar se interpreta en el sector como un intento claro de acortar distancias con Starlink. La constelación de SpaceX cuenta ya con unos 10.000 satélites en órbita, da servicio a más de 9 o 10 millones de usuarios en todo el mundo y genera ingresos anuales que superan los 9.000 millones de dólares, según estimaciones recientes. Es, además, uno de los pilares que sustentan la elevada valoración de SpaceX de cara a una eventual salida a Bolsa.
Amazon se había ido quedando por detrás en el despliegue de su constelación. En Estados Unidos, algunos medios y analistas habían advertido de los retrasos de Amazon Leo respecto a los plazos fijados por la FCC, hasta el punto de que la compañía ha solicitado prórrogas o exenciones para el objetivo de tener 1.600 satélites operativos en fechas muy cercanas.
Para firmas especializadas, la adquisición de Globalstar es una forma de ponerse al día en la carrera de la conectividad directa al dispositivo. Analistas como Armand Musey, de Summit Ridge Group, consideran que la operación permite a Amazon reforzar su posición en espectro D2D y avanzar de forma significativa en los plazos de implementación frente a Starlink, que también explora servicios similares a través de acuerdos con operadores como T-Mobile.
En Europa, el movimiento se observa con interés por parte de los reguladores y de los Estados miembros, dado que se cruza con los planes de la Unión Europea para impulsar su propia infraestructura satelital de nueva generación, pensada para ofrecer conectividad segura y resiliente. La presencia de actores como Amazon Leo y Starlink en el Viejo Continente abre debates sobre la dependencia tecnológica, la competencia y la gestión del espectro.
En países como España, donde todavía existen zonas rurales y de difícil acceso con cobertura limitada, la irrupción de servicios satelitales más avanzados podría contribuir a recortar la brecha digital. Operadores que ya trabajan aquí, como Vodafone, podrían aprovechar la capacidad de Amazon Leo para complementar sus redes móviles y de fibra, ofreciendo soluciones combinadas a hogares, empresas y administraciones públicas.
La FCC estadounidense, por su parte, ya ha dejado caer que ve con buenos ojos la transacción, siempre que se cumplan las condiciones habituales de competencia y coordinación de frecuencias. El presidente del organismo, Brendan Carr, ha señalado que la llegada de un competidor fuerte frente a SpaceX en el mercado satelital puede resultar positiva a largo plazo.
Todo este contexto sitúa la compra de Globalstar como algo más que una simple operación corporativa: es una pieza clave en la redefinición del mapa global de la conectividad, con impactos que se notarán también en Europa y en España a medida que los servicios estén disponibles comercialmente.
Con todo lo anterior, la compra de Globalstar por parte de Amazon marca un punto de inflexión en la carrera por la conectividad satelital: el gigante del comercio electrónico y la nube se asegura espectro valioso, una constelación operativa y un socio estratégico como Apple para acelerar Amazon Leo, mientras se prepara para competir de tú a tú con Starlink en un terreno donde lo que está en juego no es solo ofrecer internet más rápido, sino garantizar que cualquier dispositivo —en España, en Europa o en cualquier parte del mundo— pueda seguir conectado incluso cuando las redes terrestres fallan.




