Apple ha comenzado a mover ficha en uno de los frentes más sensibles de su negocio: la fabricación de los procesadores principales que dan vida al iPhone, el iPad y los Mac. La compañía está manteniendo conversaciones exploratorias con Intel y Samsung para producir parte de estos semiconductores en Estados Unidos, lo que supondría, si se materializa, el primer gran paso para dejar de depender casi por completo de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).
Por ahora no hay contratos firmados ni cambios inmediatos en la hoja de ruta de productos, pero el hecho de que ejecutivos de Apple hayan visitado una nueva planta de Samsung en Texas y estén en diálogo con la división de fundición de Intel ya indica que en Cupertino se plantean seriamente diversificar. El objetivo es doble: blindarse ante los riesgos geopolíticos sobre Taiwán y ganar margen de maniobra ante la creciente escasez de chips de última generación provocada por la explosión de la inteligencia artificial.
Un giro estratégico para reducir la dependencia de TSMC
Durante más de una década, Apple ha diseñado internamente sus sistemas en chip (SoC) —las series A para iPhone y iPad y las series M para Mac— y ha confiado la fabricación casi en exclusiva a TSMC. Los modelos más recientes de iPhone y Mac utilizan procesos de 3 nanómetros en plantas taiwanesas, un nivel de miniaturización que solo un puñado de fabricantes en el mundo puede ofrecer con volumen y fiabilidad.
Ese modelo ha funcionado muy bien en términos de rendimiento y eficiencia, pero cada vez pesa más la concentración del riesgo. Más del 60% de la producción de chips avanzados de Apple sigue vinculada a una única región, algo que el propio Tim Cook, consejero delegado de la compañía, ha señalado como un problema estratégico. China considera Taiwán parte de su territorio y las tensiones militares y comerciales de los últimos años han encendido todas las alarmas en grandes tecnológicas y gobiernos.
En paralelo, la industria vive una presión sin precedentes por la demanda de procesadores orientados a la IA. Los grandes centros de datos, las plataformas en la nube y el auge de equipos capaces de ejecutar modelos de inteligencia artificial de forma local han disparado el consumo de nodos avanzados. Ni siquiera un cliente del tamaño de Apple es inmune a esa escasez.
La propia Apple ha reconocido que la falta de chips de nodo avanzado está lastrando las ventas de algunos Mac. En su última llamada de resultados, Cook admitió restricciones de suministro para Mac mini y Mac Studio, dos equipos que han ganado protagonismo como máquinas para ejecutar modelos de IA en local. Según el directivo, podrían pasar «varios meses» hasta lograr un equilibrio entre oferta y demanda.

Contactos con Intel y Samsung: mucha expectativa y pocas certezas
Según han adelantado distintos medios especializados citando fuentes anónimas, Apple ha mantenido conversaciones en fase temprana con Intel para evaluar el uso de sus servicios de fundición. En paralelo, directivos de la compañía habrían visitado una planta de Samsung en construcción en Texas, destinada a producir chips avanzados en suelo estadounidense.
De momento, ninguna de estas conversaciones se ha traducido en pedidos formales. Las fuentes insisten en que se trata de contactos preliminares, en los que se están sopesando capacidades técnicas, calendarios de producción y posibles configuraciones de la cadena de suministro. Portavoces de Apple, Intel, Samsung y TSMC han preferido no hacer comentarios.
Dentro de Apple, persisten dudas técnicas y de gestión del riesgo. La compañía ha construido su ventaja competitiva combinando diseño propio y la altísima calidad de fabricación de TSMC, de modo que dar entrada a otros socios obliga a comprobar que se mantienen los niveles de rendimiento, consumo energético, temperatura y fiabilidad que exigen productos vendidos por cientos de millones de unidades al año.
Una de las ideas que se barajan entre analistas del sector es que, en caso de avanzar, Apple podría empezar encargando a Intel o Samsung chips menos críticos dentro de la familia, por ejemplo variantes de gama media o de generaciones anteriores destinadas a modelos no Pro de iPhone o iPad. Ese enfoque permitiría probar la capacidad real de los nuevos proveedores sin poner en riesgo los dispositivos de gama más alta.
No se espera en ningún caso un traslado rápido de toda la producción. Las proyecciones que maneja la industria apuntan a que cualquier diversificación relevante hacia nuevas plantas estadounidenses tardaría al menos dos o tres años, el tiempo necesario para que estas fábricas alcancen plena capacidad y rindan al nivel que Apple exige.
Intel y Samsung, entre la ambición de crecer y el desafío de ponerse al nivel
Para Intel, conseguir un contrato con Apple tendría un valor simbólico y práctico enorme. Tras años viendo cómo los Mac pasaban de usar procesadores Intel a chips propios de Apple, la empresa estadounidense intenta ahora relanzar su negocio de fundición para terceros. Bajo la batuta de su cúpula actual, atraer clientes externos de gran tamaño es una pieza clave del plan de recuperación.
Intel está levantando nuevas instalaciones en estados como Ohio y reforzando sus plantas en Arizona, apoyada por las subvenciones multimillonarias de la Ley CHIPS estadounidense, pensadas precisamente para devolver capacidad de producción avanzada al país. Contar con Apple como cliente sería un espaldarazo de credibilidad que podría animar a otros diseñadores de chips a confiarle parte de su producción.
Samsung juega una partida similar, pero desde otra posición. La compañía surcoreana ya ha fabricado en el pasado procesadores para Apple y hoy produce componentes periféricos para iPhone y otros dispositivos, incluidos chips de gestión de energía. Además, está construyendo una planta en Texas que aspira a competir en nodos avanzados con TSMC e Intel.
El gran obstáculo para ambos es el rendimiento de fabricación, es decir, la proporción de chips útiles que se obtienen por cada oblea de silicio. En este terreno, TSMC mantiene una ventaja que se traduce en menores costes por unidad y menos sorpresas en la logística. Aunque Intel y Samsung han recortado distancias en los últimos años, los expertos coinciden en que el fabricante taiwanés sigue un paso por delante en los nodos de vanguardia.
Hay además un componente político que no pasa desapercibido. Una eventual alianza entre Apple e Intel reforzaría la narrativa de reindustrialización tecnológica en Estados Unidos, algo muy bien visto por Washington tras las fuertes inversiones públicas en semiconductores. Samsung, por su parte, también se beneficia de este clima, al tiempo que sigue compitiendo con Apple en el mercado de teléfonos móviles y otros dispositivos de consumo.
TSMC sigue en el centro, pero con más presión para diversificarse
Pese a todos estos movimientos, la lectura actual es que TSMC seguirá siendo el socio principal de Apple en el corto y medio plazo. La compañía taiwanesa mantiene un liderazgo tecnológico y operativo que sus rivales aún no han igualado en nodos como el de 3 nanómetros y los futuros procesos más avanzados.
Apple, de hecho, está colaborando estrechamente con TSMC para ampliar su presencia en Estados Unidos. La planta del proveedor en Phoenix (Arizona) ya produce una cantidad limitada de chips para la firma de Cupertino y se espera que alcance los 100 millones de unidades para Apple en 2026. Esa cifra seguirá representando solo una parte del volumen anual total, pero ilustra el esfuerzo conjunto por distribuir mejor la capacidad fuera de Taiwán.
El propio Tim Cook ha venido alertando desde hace años sobre los riesgos de concentrar demasiada producción en una sola geografía. En una reunión interna en 2022, reconoció que tener alrededor del 60% de la fabricación de chips en un único territorio no era sostenible a largo plazo. Desde entonces, Apple ha ido dando pasos para ampliar su red de proveedores y países, aunque el peso de TSMC sigue siendo dominante.
En paralelo, la compañía también se enfrenta a problemas de suministro en otros frentes, como la memoria y ciertos componentes asociados a la gestión de energía. Sin embargo, Cook subrayó recientemente que la restricción principal está en los nodos avanzados donde se producen sus sistemas en chip, no tanto en los módulos de memoria, lo que pone el foco sobre la capacidad de las fundiciones más punteras.
Si Apple decide finalmente dar entrada a Intel o Samsung para parte de su catálogo, TSMC se vería obligada a acelerar aún más su estrategia de expansión internacional, reforzando sus plantas en Estados Unidos y explorando otros mercados donde pueda desplegar capacidad con apoyo público, algo que encajaría con los planes de soberanía tecnológica de varias regiones.
Impacto en Europa y lecciones para España: la carrera por la soberanía del chip
Aunque los movimientos más inmediatos se concentran en Estados Unidos y Asia, la estrategia de Apple tiene implicaciones claras para Europa. La Unión Europea lleva tiempo intentando reducir su dependencia de chips fabricados fuera del continente, con la Chips Act europea como marco para impulsar inversiones en nuevas plantas y capacidades de diseño.
El hecho de que una compañía del tamaño de Apple se vea forzada a revisar su modelo de suministro refuerza la tesis de que la concentración geográfica de la fabricación de semiconductores es un riesgo sistémico. Gobiernos y empresas europeas observan con atención cómo se reconfigura el mapa global, conscientes de que cada nueva fábrica en EE.UU. o Asia puede alterar la disponibilidad y el precio de los chips que necesitan industrias clave como la automoción, las telecomunicaciones o la electrónica de consumo.
En el caso español, el PERTE Chip —dotado con más de 12.000 millones de euros— busca precisamente atraer proyectos industriales ligados a los semiconductores, desde el diseño hasta la producción. Aunque Apple no ha anunciado planes para fabricar en territorio europeo, su búsqueda de alternativas y su preocupación por el riesgo geopolítico sirven como ejemplo para compañías nacionales que dependen de cadenas de suministro muy largas y concentradas.
Empresas españolas de sectores tan diversos como el automóvil, la energía, los equipos industriales o las telecomunicaciones se han visto afectadas en los últimos años por la falta puntual de chips, lo que ha obligado a parar líneas de montaje o retrasar lanzamientos. Los pasos que dé Apple para diversificar proveedores y países se interpretan como una señal de hacia dónde se mueve el mercado y de qué tipo de estrategias pueden resultar más resilientes.
Para el usuario europeo, estos movimientos pueden traducirse en una mayor estabilidad en el suministro de dispositivos y, con el tiempo, en una gama de productos donde la diferenciación entre modelos Pro y estándar no solo venga marcada por la cámara o la pantalla, sino también por el tipo de procesador y el nodo de fabricación utilizado, algo que ya apuntan algunos analistas del sector.
En conjunto, lo que Apple está explorando con Intel y Samsung no cambia aún el día a día del consumidor, pero sí anticipa una nueva etapa en la industria del chip en la que depender de un único proveedor y una sola región deja de ser asumible, incluso para gigantes como Apple. Lo que hoy son contactos preliminares podría convertirse, en unos años, en una red de fabricación más repartida geográficamente, con efectos en precios, disponibilidad y equilibrio de poder dentro del mercado global de semiconductores.
