Parece que en el mundo de la tecnología no hay un minuto de descanso y, aunque todavía estamos paladeando las novedades inminentes, los rumores sobre lo que vendrá después ya están a la orden del día. Resulta que en los despachos de Cupertino ya se está cocinando a fuego lento iOS 28, una actualización que promete ser ese golpe sobre la mesa que muchos usuarios están esperando tras un ciclo de versiones un tanto más conservadoras.
Mark Gurman, que ya sabemos que tiene un ojo clínico para estas cosas y contactos en cada esquina de la sede de Apple, ha soltado una información de esas que nos dejan con la miel en los labios. Mientras que la versión que veremos este año se centra en pulir detalles, el proyecto para el año que viene apunta a ser un cambio de paradigma total, centrado en ofrecer una experiencia mucho más profunda y renovada que lo que conocemos actualmente.
El iPhone del vigésimo aniversario y el papel de iOS 28
No es ninguna casualidad que se esté poniendo tanto empeño en este desarrollo tan temprano. La razón principal es que este software tiene que ser el compañero de baile perfecto para un terminal muy especial: el iPhone que celebrará las dos décadas de vida del producto estrella de la compañía. Al igual que ocurrió en su momento con el iPhone X, que cambió las reglas del juego con los gestos, se espera que el sistema operativo se adapte como un guante a un hardware que promete ser rompedor.
Internamente, los ingenieros ya se refieren a estos trabajos con nombres bastante curiosos. El sistema para móviles ha sido bautizado como «Bell», mientras que la versión para los ordenadores Mac se conoce como «Poppy». Lo más interesante es que a todo el conjunto de actualizaciones lo llaman «Boppy», lo que nos da una pista muy clara de que la integración entre dispositivos será total, buscando que pasar del iPhone al Mac sea algo tan fluido que ni nos demos cuenta.
Diferencias clave frente a las versiones actuales
Si echamos la vista a lo que tenemos a la vuelta de la esquina, la versión 27 parece que se va a quedar en una especie de puesta a punto, mejorando la interfaz Liquid Glass y dándole un empujón a Siri. Sin embargo, para 2028, la idea es ir mucho más allá de los retoques estéticos. Los equipos de desarrollo están centrados en crear nuevas arquitecturas de aplicaciones que permitan exprimir al máximo la potencia de los procesadores del futuro, algo que ahora mismo se queda un poco a medio gas.
Aunque todavía estamos en una fase muy temprana y se están probando funciones de forma aislada, la ambición que se respira en el ambiente es máxima. Se habla de mejorar el rendimiento de forma drástica y de introducir formas de interactuar con la pantalla que hoy nos parecerían de ciencia ficción. Es evidente que el enfoque de Apple es a largo plazo, guardándose sus mejores cartas para ese aniversario que marcará un antes y un después en su trayectoria.
A pesar de que el entusiasmo por lo que está por venir es evidente, toca tener un poco de paciencia y ver cómo evolucionan estos proyectos en los próximos meses. La combinación de un hardware conmemorativo y un sistema diseñado desde los cimientos bajo el código Bell sentará las bases tecnológicas de la marca para los próximos años, asegurando un ecosistema mucho más robusto, inteligente y, sobre todo, conectado que el que disfrutamos en nuestro día a día actual.