El cambio de rumbo visual que introdujo Apple con Liquid Glass en iOS 26 ha sido uno de los movimientos más discutidos de la compañía en los últimos años. Transparencias más agresivas, efectos de cristal por todas partes y una estética muy distinta a la que los usuarios de iPhone estaban acostumbrados han generado un debate intenso, especialmente en torno a la legibilidad y al uso diario del sistema.
Pese a las críticas, todo apunta a que Apple no tiene intención de dar marcha atrás con Liquid Glass en iOS 27. Según la información que se está manejando en los entornos cercanos a la compañía, el diseño se mantendrá como base del sistema y los esfuerzos se centrarán en pulirlo poco a poco, sin un nuevo giro radical a corto plazo.
Liquid Glass se queda en iOS 27
Los informes más recientes señalan que las compilaciones internas de iOS 27 y macOS 27 apenas muestran variaciones visibles en el lenguaje Liquid Glass. Hablamos, por tanto, de una continuación directa del aspecto que ya se estrenó en 2025, en la que los cambios llegarían más por la vía de los matices que por la de las revoluciones.

Este enfoque tiene cierta lógica si se tiene en cuenta que el desarrollo de Liquid Glass llevó varios años antes de ver la luz en iOS 26. Un rediseño de esta magnitud no se levanta ni se tira a la basura de un día para otro, y en Apple parecen decididos a amortizar el trabajo invertido, algo que encaja con su historial de mantener durante mucho tiempo sus grandes líneas de diseño.
Además, la salida del anterior responsable de diseño de la compañía tras el estreno de Liquid Glass generó rumores sobre un posible viraje estético. Sin embargo, todo indica que el nuevo jefe de diseño comparte la idea de mantener esta base visual, aunque con cierto margen para corregir excesos y mejorar el uso real en el día a día.
En Europa y en España, donde hay una gran base de usuarios de iPhone acostumbrados a una interfaz muy continuista, este tipo de cambios suele recibirse con una mezcla de curiosidad y recelo. Las quejas más habituales han llegado por la vía de la comodidad: textos menos claros sobre fondos difuminados, iconos que se pierden entre capas translúcidas o elementos que resultan demasiado ornamentales.
La previsión es que iOS 27, que se presentaría en la WWDC prevista para 2026, esté más enfocado a estabilidad y rendimiento que a otro golpe de efecto visual. El diseño, al menos en lo esencial, seguiría siendo ese “cristal líquido” que ya se ha instalado tanto en iPhone como en Mac.
Qué hace tan polémico a Liquid Glass

Desde su llegada, este enfoque ha dividido a los usuarios: hay quien aprecia el aspecto moderno y ligero, y quien lo ve poco práctico por cómo afecta a la lectura y a la claridad de la información. En entornos con mucha luz, o para personas con cierta dificultad visual, el exceso de transparencias puede jugar en contra.
Precisamente aquí se concentra buena parte del debate, especialmente en mercados como el europeo donde las normativas y recomendaciones sobre accesibilidad digital han ido ganando peso. La combinación de transparencias intensas, texto fino y contrastes ajustados no siempre encaja bien con los estándares que se piden a las grandes plataformas tecnológicas.
Aun así, los reportes coinciden en que Apple no tiene intención de reemplazar Liquid Glass a corto plazo. La compañía apostaría por un proceso más pausado, con “años de mejoras progresivas” en lugar de otro rediseño global inmediato. Es decir, el cristal se queda, pero se irá puliendo.
Esta estrategia encaja con otros movimientos previos de la firma: cuando introduce un gran cambio de diseño, suele mantenerlo durante varias generaciones, afinando detalles en cada actualización. En el caso de Liquid Glass, el objetivo pasaría por equilibrar la personalidad visual con una experiencia más cómoda para todo tipo de usuarios.
Un posible control para regular la intensidad del efecto
Uno de los puntos más llamativos de la información que se ha filtrado es que Apple habría estado trabajando en un control deslizante global para ajustar la intensidad del efecto de cristal en el sistema. Es decir, una especie de “volumen” de Liquid Glass que permitiría subir o bajar su presencia.
Durante el desarrollo de iOS 26, la compañía llegó a probar internamente esta función, pero se topó con problemas técnicos al aplicar el ajuste de forma coherente en todos los rincones de la interfaz. Elementos como las carpetas de aplicaciones, la pantalla de inicio o las barras de navegación no reaccionaban igual al cambio de intensidad, lo que complicaba ofrecer una experiencia uniforme.
De momento, el único rastro visible de esa idea se ha visto en el reloj de la pantalla de bloqueo en iOS 26.2, donde sí se puede modificar el efecto para conseguir un aspecto más o menos marcado. Esa prueba abriría la puerta a llevar el mismo enfoque al resto del sistema en generaciones futuras.
Si Apple consigue resolver los obstáculos y extiende ese control a nivel de sistema en iOS 27, buena parte del malestar alrededor de Liquid Glass podría rebajarse. Cada usuario podría decidir cuánto protagonismo darle a las transparencias, algo que recuerdan más a la filosofía de personalización habitual en Android que a la tradición de “toma o déjalo” de Apple.
Eso sí, dentro de la compañía no es habitual ofrecer controles tan directos sobre el lenguaje de diseño base. De ahí que haya cierta cautela sobre hasta dónde llegará realmente esa personalización. Lo que parece claro es que, guste más o menos, el cristal líquido seguirá siendo la cara visible de iOS durante tiempo, especialmente en mercados clave como el europeo.
Los ajustes que ya han ido domando Liquid Glass en iOS 26
Aunque el aspecto general del sistema se mantiene, Apple ya ha introducido varias opciones en iOS 26 para suavizar o matizar el impacto de Liquid Glass. Algunas de ellas han pasado algo desapercibidas, pero ayudan a que la experiencia sea menos extrema para quien no termina de congeniar con el nuevo diseño.
Más adelante, con iOS 26.4, se añadió la posibilidad de desactivar ciertos resaltados propios de Liquid Glass. Estos brillos y efectos de realce daban un toque más llamativo a botones y paneles, pero también contribuían a esa impresión de “sobrecarga visual” que algunos usuarios señalaban.
A estas novedades se suman opciones ya presentes en el apartado de accesibilidad, como “Increase Contrast” (Aumentar contraste) y “Reduce Transparency” (Reducir transparencia). Aunque no se crearon específicamente para Liquid Glass, se han convertido en herramientas muy útiles para quienes necesitan una interfaz más clara y menos recargada.
En el contexto europeo, donde los reguladores insisten cada vez más en la importancia de interfaces accesibles, estas opciones ganan especial relevancia. No sería extraño que futuras versiones de iOS den aún más protagonismo a este tipo de ajustes para adaptarse mejor a diferentes perfiles de usuario, desde personas mayores hasta quienes tienen problemas de visión.
En conjunto, todas estas pequeñas piezas muestran que, aunque la estética general no cambia, Apple está dispuesta a ofrecer cierto margen de maniobra para adaptar Liquid Glass a distintas necesidades y gustos. Queda por ver cuánta flexibilidad añadirá iOS 27 sobre esa base.
Con todo lo que se sabe hasta ahora, el panorama que se dibuja para iOS 27 es el de un sistema que mantiene Liquid Glass como seña de identidad, pero que lo rodea de más opciones para ajustar su comportamiento. Los esfuerzos se concentrarían en mejorar rendimiento, estabilidad y usabilidad, mientras el diseño polémico que debutó en iOS 26 sigue evolucionando a paso corto pero constante, especialmente en mercados como España y el resto de Europa, donde la presión por lograr una interfaz atractiva pero también cómoda y accesible es cada vez mayor.