Intel se perfila como posible fabricante de los futuros chips del iPhone

  • Apple estudia apoyarse en Intel para producir parte de los chips de la serie A para iPhone a partir de 2028.
  • TSMC seguiría siendo el principal socio de Apple en los SoC más potentes y en buena parte de los modelos de iPhone.
  • El movimiento busca diversificar la fabricación de semiconductores y reducir riesgos geopolíticos y de suministro.
  • En Europa y España, podría suponer una mejor disponibilidad de iPhone y menos tensiones de precios ligadas a la escasez de chips.

Intel producir chips iPhone

La posibilidad de que Intel produzca parte de los futuros chips del iPhone empieza a tomar forma en los informes de la cadena de suministro. Diversas notas de analistas apuntan a que Apple ya estaría preparando el terreno para que el histórico fabricante de procesadores asuma un papel relevante en la producción de sus SoC móviles en los próximos años.

Este giro no implicaría cambios en el diseño ni en la filosofía de Apple Silicon, pero sí en quién fabrica físicamente los chips de la serie A. La compañía de Cupertino mantendría el control total sobre la arquitectura y el desarrollo, mientras que Intel pasaría a ser una pieza clave del engranaje industrial que hoy domina TSMC.

De los Mac y iPad al iPhone: el salto de Intel a los chips A-Series

Futuros chips iPhone fabricados por Intel

Según las últimas filtraciones de analistas como Ming-Chi Kuo y Jeff Pu, el primer paso del plan pasaría por la gama de ordenadores y tablets de Apple. Intel comenzaría a fabricar los chips Apple Silicon de la serie M para Mac y iPad alrededor de 2027, en modelos de entrada y gamas intermedias, antes de dar el salto al iPhone.

Una vez asentada esa colaboración en el terreno de los Mac y los iPad, los informes apuntan a que los SoC de iPhone llegarían a la agenda de producción de Intel a partir de 2028. Concretamente, se habla de los procesadores para los modelos no «Pro», es decir, las variantes más generalistas de la familia iPhone, donde el volumen de ventas es especialmente alto.

En la documentación distribuida a inversores, Pu se refiere a estos chips como el «SoC para smartphones no profesionales» de Apple. En la práctica, eso encajaría con el procesador base de la serie A que cada generación se reserva para el iPhone estándar y, previsiblemente, para versiones más asequibles como la hipotética gama «e».

Hoy por hoy, el chip base de referencia es el A19 utilizado en el iPhone 17, que también se espera ver en un futuro iPhone 17e. Los modelos de gama más alta equipan el A19 Pro, una variante más potente que, según los analistas, seguiría dependiendo de los nodos avanzados de TSMC al menos durante los próximos años.

Si se cumplen los plazos que manejan las firmas de análisis, hacia 2028 el iPhone estándar y el posible modelo «e» podrían montar chips fabricados en fábricas de Intel, mientras que los iPhone Pro continuarían vinculados a TSMC. Sería un reparto de tareas similar al que se plantea para las distintas gamas de Mac y iPad.

Apple diseña, Intel fabrica: cómo se repartirían los papeles

Es importante subrayar que este posible acuerdo no cambia la esencia del modelo Apple Silicon. Apple seguiría diseñando y desarrollando internamente todos los chips de la serie A para el iPhone, definiendo la arquitectura, las unidades de CPU y GPU, los módulos de IA y el resto de bloques que forman el SoC.

La novedad estaría en que, en lugar de encargar la producción en exclusiva a TSMC, Apple añadiría a Intel como segunda gran fundición. Intel operaría como proveedor de capacidad de fabricación pura, sin intervenir en el diseño, en una desempeña actualmente TSMC para la compañía.

En este escenario, lo más probable es que Intel se encargue de los chips de mayor volumen y menor complejidad relativa, como las versiones base de la serie A destinadas al iPhone más popular. TSMC, por su parte, retendría los contratos de los procesadores más exigentes en rendimiento y eficiencia, tanto en el iPhone como en el resto de la gama Apple.

En otras palabras, el usuario seguiría comprando un iPhone con un chip A-Series concebido en Cupertino, pero el silicio podría salir de una planta de Intel o de una fábrica de TSMC dependiendo del modelo y de la generación. Apple sería la encargada de unificar especificaciones y garantizar que la experiencia sea coherente independientemente de la fundición.

Para la compañía, contar con dos socios de este calibre aporta un margen de maniobra adicional a la hora de ajustar calendarios, volúmenes de producción y costes, algo especialmente sensible en un producto tan masivo como el iPhone en Europa, España incluida.

TSMC sigue siendo el pilar principal, pero comparte protagonismo

En la actualidad, TSMC fabrica prácticamente todos los chips de Apple, desde los SoC A-Series del iPhone hasta los M-Series de Mac y iPad. Es una relación de largo recorrido que ha permitido a Apple exprimir los procesos de fabricación más avanzados del mercado año tras año.

Los informes sobre la entrada de Intel no hablan de un relevo total, sino de un modelo de reparto de cargas. TSMC continuaría produciendo los chips más punteros y críticos, como los procesadores para los iPhone Pro y las configuraciones de Mac de gama alta, donde cada mejora de rendimiento cuenta.

Mientras tanto, Intel asumiría una parte significativa del volumen en segmentos donde la escala y la capacidad de producción pesan más que exprimir el último punto de rendimiento. Ahí encajan bien los iPhone estándar, que suelen acumular buena parte de las ventas en mercados como el español.

Esta distribución permite a Apple reducir la dependencia de un único proveedor sin renunciar a las ventajas técnicas que le ofrece TSMC en los nodos más avanzados. Para TSMC, el impacto se notaría más en el reparto de pedidos que en una pérdida inmediata de liderazgo.

Aunque la mayor parte de la producción seguirá localizada en Asia y, en el caso de Intel, principalmente en Estados Unidos, la producción seguirá localizada en Asia y el efecto se deja sentir también en Europa, donde los fabricantes de dispositivos y los consumidores sufren directamente cualquier tensión en la cadena de suministro de semiconductores.

Riesgos, geopolítica y por qué Apple quiere diversificar

Un factor de fondo en toda esta maniobra es la preocupación por la concentración de la producción de chips en Taiwán. Las tensiones geopolíticas, los posibles desastres naturales y los cuellos de botella logísticos han puesto sobre la mesa la necesidad de contar con alternativas reales en nodos punteros.

Para Apple, introducir a Intel como segundo socio de fabricación significa distribuir mejor los riesgos. Si un incidente afectara a TSMC, al menos parte de la producción de chips para iPhone podría continuar en las fábricas de Intel, y viceversa. No elimina el problema de fondo, pero sí aporta una mayor resiliencia.

Este movimiento encaja, además, con la estrategia industrial de Estados Unidos, que está impulsando de forma decidida la fabricación local de semiconductores avanzados. Intel está recibiendo importantes apoyos públicos para levantar y modernizar plantas, y atraer a Apple como cliente estrella reforzaría aún más la narrativa del «made in USA» en tecnología crítica.

Europa observa estos pasos desde cierta distancia, mientras impulsa su propia European Chips Act para reforzar la fabricación en territorio comunitario. De momento, sin embargo, los SoC de Apple seguirán saliendo de fábricas situadas fuera de la UE, lo que pone de relieve el reto europeo para captar inversiones de primer nivel en nodos avanzados.

Para los consumidores españoles, todos estos debates suenan a alta estrategia, pero terminan traduciéndose en cuestiones muy concretas: si habrá suficiente stock de iPhone en lanzamientos clave y cómo evolucionarán los precios si el suministro de chips se mantiene estable y diversificado.

Qué puede notar el usuario en España y Europa

En el plano práctico, si Intel entra en juego para los chips de iPhone a partir de 2028, lo más probable es que el efecto visible sea una mayor estabilidad en la disponibilidad de modelos, sobre todo en las gamas estándar. Campañas como la vuelta al cole, el Black Friday o las navidades, donde la demanda en España y el resto de Europa se dispara, podrían ser menos propensas a sufrir roturas de stock vinculadas a la falta de silicio.

Otro aspecto relevante es el precio. Aunque es pronto para saber si la competencia entre TSMC e Intel en la fabricación de chips de Apple se trasladará al PVP final, en teoría tener dos proveedores fuertes permite a Apple negociar mejor costes y plazos, algo que podría ayudar a contener subidas bruscas.

Desde el punto de vista técnico, la entrada de Intel no debería implicar recortes en la calidad del producto. Apple mantiene un nivel de exigencia elevado con sus fundiciones, y los SoC fabricados por Intel tendrían que cumplir las mismas especificaciones y estándares de eficiencia energética que los producidos por TSMC.

En la práctica, un comprador en España difícilmente sabrá si el chip de su futuro iPhone base ha salido de una planta de Intel o de TSMC. Lo que sí notará es que el teléfono mantiene la línea de mejora en rendimiento, autonomía y capacidades de IA que Apple viene impulsando generación tras generación.

Con todo este contexto sobre la mesa, la idea de que Intel pueda producir los futuros chips del iPhone deja de sonar a experimento aislado y se convierte en una pieza más de una estrategia más amplia: Apple gana margen de maniobra en su cadena de suministro, Intel refuerza su papel como fundición de referencia y TSMC conserva el liderazgo en los nodos más avanzados, mientras los usuarios en España y Europa se benefician de una oferta de iPhone más previsible y menos expuesta a sobresaltos por falta de componentes.

Logo de TSMC
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