Apple tiene previsto que la pantalla de inicio de iOS 27 dé un pequeño pero importante salto en usabilidad, con cambios pensados para quienes pasan tiempo afinando el aspecto de su iPhone. La compañía combinará una actualización orientada sobre todo a estabilidad y rendimiento con ajustes muy concretos en el modo de edición del escritorio.
Entre esos ajustes, sobresale una novedad sencilla pero muy esperada: la llegada de opciones nativas para deshacer y rehacer cambios al organizar iconos y widgets. Un movimiento torpe ya no obligará a recolocar todo a mano, algo que para muchos usuarios en España y Europa era una fuente constante de frustración.
Nuevos botones de "Deshacer" y "Rehacer" en la pantalla de inicio
La principal novedad relacionada con el escritorio será la integración de dos nuevos botones, “Deshacer” y “Rehacer”, dentro del menú que aparece al mantener pulsada la pantalla de inicio. Hasta ahora, ese panel se limitaba a permitir añadir widgets, personalizar, editar el fondo y gestionar las páginas; con iOS 27, pasará a ser una herramienta más completa para controlar el diseño.
Según los adelantos filtrados por analistas cercanos al ecosistema de Apple, estos botones se activarán cuando el usuario esté modificando la posición de iconos o widgets. En ese contexto, la opción de “Deshacer” servirá para revertir al instante la última acción realizada, evitando que un desliz no deseado tire por tierra una distribución muy trabajada.
Del mismo modo, el botón de “Rehacer” permitirá recuperar el último cambio revertido si, tras probar distintas combinaciones, el usuario decide que la modificación original era la que más le encajaba. De esta forma, será posible moverse hacia atrás y hacia adelante entre distintos estados recientes de la pantalla de inicio sin necesidad de rehacer la configuración desde cero.
Este sistema funcionará como una especie de historial de pasos aplicado al escritorio, similar a lo que ya es habitual en aplicaciones de edición de texto o imagen. Aunque aún no se ha detallado cuántos niveles de deshacer estarán disponibles, las fuentes apuntan a que Apple busca un equilibrio entre utilidad y sencillez para que la función no resulte confusa.
El objetivo es minimizar una de las quejas más corrientes entre quienes personalizan su iPhone: la sensación de estar “jugándosela” cada vez que mueven un icono por temor a descolocar toda la pantalla. Con iOS 27, experimentar con nuevas disposiciones será mucho menos arriesgado.
Un modo de edición más flexible para iconos y widgets

La llegada de estas dos herramientas encaja con un enfoque más amplio de iOS 27: refinar lo que ya existe antes que revolucionar la estética del sistema. En el caso concreto de la pantalla de inicio, el cambio no transforma la interfaz de arriba a abajo, pero sí altera la forma en que se interactúa con ella en el día a día.
Cuando el usuario mantenga pulsado sobre un espacio vacío del escritorio o sobre un icono, seguirá entrando en el modo de edición habitual, con los iconos temblando y la posibilidad de agregar widgets o modificar el fondo. La diferencia será que, mientras haya movimientos recientes en curso, aparecerán los botones de deshacer y rehacer como salvavidas para recuperar el orden anterior o avanzar hasta el último ajuste aplicado.
Esto será especialmente útil para quienes usan varios widgets de gran tamaño o distribuyen apps por carpetas, donde un simple error de arrastre puede desorganizar todo el panel de un vistazo. En lugar de tener que recordar cada posición o recurrir a capturas de pantalla antiguas, bastará con pulsar una vez para volver a la disposición previa.
En entornos europeos donde el móvil se ha convertido en una herramienta de trabajo y estudio clave, estas mejoras en la gestión del escritorio encajan con un uso intensivo del dispositivo. Profesionales que ordenan apps por proyectos, estudiantes que agrupan recursos por asignaturas o usuarios que combinan widgets de productividad con ocio notarán una experiencia algo más relajada al reorganizar su pantalla.
La lógica de Apple con iOS 27 parece ir en la línea de pulir fricciones pequeñas pero recurrentes: no se trata de inundar la pantalla de inicio con opciones nuevas, sino de añadir un par de controles que resuelven situaciones cotidianas que llevaban años presentes en las quejas de la comunidad.
Ajustes visuales: más control sobre el efecto Liquid Glass
Junto a las funciones de deshacer y rehacer, se espera que la firma de Cupertino incluya un nuevo control deslizante para el efecto de interfaz conocido como “Liquid Glass”. Este elemento, que define la sensación de transparencia y desenfoque en distintos paneles del sistema, ganará un ajuste más fino en iOS 27.
Hasta ahora, las opciones para modificar la apariencia del fondo y la capa translúcida de la pantalla de inicio eran relativamente limitadas. Con el cambio previsto, los usuarios podrán regular con mayor precisión la intensidad del efecto cristal, ajustando la opacidad para acercarse más a un estilo limpio o a uno más marcado según sus preferencias.
Este tipo de personalización visual afecta de forma indirecta a la pantalla de inicio, ya que el escritorio es uno de los espacios donde más se percibe el contraste entre iconos, widgets y fondo. Un Liquid Glass más tenue puede ayudar a que las apps destaquen mejor, mientras que un efecto más intenso puede dar un toque más llamativo a la interfaz.
En un mercado europeo donde los usuarios valoran cada vez más la capacidad de adaptarse al gusto personal sin tener que recurrir a trucos o apps de terceros, contar con ajustes nativos de transparencia y fondo resulta un añadido apreciable, aunque discreto, dentro del conjunto de novedades.
Este cambio, combinado con las opciones de deshacer y rehacer, sugiere que Apple quiere que la personalización de la pantalla de inicio sea más reversible y menos “definitiva”: el usuario puede probar un nuevo aspecto, jugar con la opacidad y recolocar elementos, sabiendo que podrá volver atrás con un simple toque.
Una actualización centrada en pulir la experiencia diaria
Las mejoras previstas para la pantalla de inicio se enmarcan en un iOS 27 concebido como una entrega de ajustes medidos y foco en la estabilidad, más que en un rediseño a gran escala. La compañía ha apostado por reforzar rendimiento, autonomía de batería y pequeñas funciones de calidad de vida que, sumadas, pueden marcar diferencia en el uso prolongado del dispositivo.
En este contexto, la pantalla de inicio actúa como uno de los principales escenarios donde se notan estos retoques. No hay una revolución estética, pero sí una serie de cambios que buscan que la interacción sea más tolerante con el error y más flexible a la hora de reorganizar contenidos.
La idea de fondo parece clara: que personalizar el iPhone deje de ser una operación “de una sola oportunidad”, donde un fallo obliga a perder tiempo rehaciendo todo, y pase a ser un proceso mucho más cómodo y reversible. Es un enfoque que encaja con un perfil de usuario muy presente en España y otros países europeos, acostumbrado a exprimir el móvil tanto en lo personal como en lo profesional.
Frente a otras versiones centradas en grandes titulares visuales, iOS 27 apuesta por una mejora silenciosa pero constante de la experiencia de uso. La pantalla de inicio, al ser la puerta de entrada al resto del sistema, se beneficia especialmente de esta filosofía de pequeños ajustes bien dirigidos.
Aunque habrá que esperar a que la versión final llegue a todos los usuarios para comprobar hasta qué punto se extiende el historial de cambios y cómo se integra el control de Liquid Glass en los menús de configuración, las primeras informaciones apuntan a un escritorio más amable con quienes cambian de opinión a menudo y quieren mantener su iPhone siempre a su gusto sin complicaciones.
Con todo ello, la pantalla de inicio en iOS 27 se perfila como un espacio algo más flexible, donde mover iconos, organizar widgets y ajustar el aspecto general del sistema dejará de ser una tarea delicada y pasará a ser un proceso más tranquilo, respaldado por herramientas sencillas que corrigen errores y facilitan la experimentación sin miedo a perder el trabajo de organización previo.

