
La pregunta está en boca de muchos: «¿para qué utiliza la gente ChatGPT?». OpenAI ha publicado un análisis en profundidad basado en datos reales que por fin arroja luz sobre esta duda, y lo hace a partir de una muestra masiva de conversaciones. En concreto, el estudio trabaja con 1,5 millones de chats anonimizados entre mayo de 2024 y junio de 2025, lo que la propia compañía define como su radiografía más completa del uso cotidiano de su IA.
El retrato que emerge es claro: la mayoría recurre a ChatGPT para resolver tareas del día a día. El peso de lo no laboral ronda el 70%, con un protagonismo muy marcado de tres funciones: orientación práctica, búsqueda de información y ayuda con la escritura. Casi la mitad de los mensajes son preguntas directas, señal de que muchos usuarios lo valoran como asesor antes que como mero ejecutor.
Qué ha analizado OpenAI exactamente
Para evitar sesgos de encuesta, el equipo de Investigación Económica de OpenAI aplicó herramientas automáticas de clasificación a mensajes reales, sin que personas revisaran el contenido. La labor se ha plasmado en un documento de trabajo del NBER con la colaboración del economista de Harvard David Deming, y segmenta las conversaciones por tema, intención y contexto (laboral o no), además de otros metadatos temporales.
La fotografía temporal abarca de mayo de 2024 a junio de 2025 y organiza patrones de uso con bastante granularidad: desde la función concreta solicitada (editar, traducir, planificar, programar) hasta el papel que el usuario asigna al chatbot (resolver una duda, pedir consejo o delegar una tarea). OpenAI insiste en que es una instantánea de un periodo concreto y que algunas categorías se solapan, un matiz importante al interpretar los porcentajes.
Para qué se usa más ChatGPT en el día a día
El grueso del uso no está en la oficina. El estudio cifra en torno al 70%-72% las conversaciones no laborales, y dentro de ellas dominan los encargos prácticos: desde pedir instrucciones paso a paso para tareas domésticas hasta resolver dudas rápidas «de manual» a golpe de chat. El crecimiento de la búsqueda informativa dentro del propio ChatGPT ha sido notable en el periodo analizado.
En tres de cada cuatro conversaciones, el foco recae en consejos prácticos, información y redacción. Casi la mitad de los mensajes son preguntas (no encargos), lo que refuerza el rol del modelo como asesor o compañero de investigación más que como herramienta que siempre «hace cosas» por nosotros.
Cuando se pide ejecutar algo, la cuota es relevante: alrededor del 40% de los mensajes buscan que el sistema complete una tarea (escribir, planificar, programar, etc.). El resto se reparte entre reflexión personal, exploración o juego, con una fracción pequeña de contenidos socioemocionales (por debajo del 2%).
La escritura manda en el trabajo (pero sobre todo para editar)
En el ámbito profesional, la redacción es la reina en muchas aplicaciones de IA móvil. Según el estudio, cerca del 40% de los mensajes laborales se dedican a escribir o, más a menudo, a editar, corregir o traducir textos ya existentes, en lugar de generar contenido desde cero. La programación aparece como actividad de nicho con alrededor del 4% de las consultas.
Un hallazgo llamativo es el carácter de asesoría que adopta ChatGPT en el trabajo: aproximadamente un 14,9% de las conversaciones laborales están orientadas a tomar decisiones o resolver problemas. Para muchos profesionales, el modelo sirve más para contrastar enfoques y afinar el juicio que para delegar la tarea de principio a fin.
OpenAI señala mejoras percibidas en productividad y calidad del criterio cuando se usa en entornos intensivos en conocimiento. Es decir, más que sustituir procesos, ayuda a tomar mejores decisiones y a trabajar con mayor rapidez en documentos, informes o comunicaciones.
ChatGPT como buscador informal
La función de búsqueda de información gana peso: pasa de rondar el 14% al entorno del 24% del total de conversaciones en el periodo estudiado. Ese avance lo acerca a un papel de consulta rápida que compite con los motores tradicionales, aunque con una advertencia conocida: las alucinaciones todavía limitan su uso como buscador completamente fiable, sobre todo en temas críticos.
De hecho, en el trabajo la información pura pesa menos (cerca del 13%-14% de las consultas laborales) que la redacción o la documentación. Es coherente con ese rol de asistente que pule textos, resume materiales y ofrece contexto antes que servir como única fuente de verdad.
Quién lo usa y cómo evoluciona el uso
El crecimiento en usuarios de consumo ha sido notable: de algo más de 100 millones a comienzos de 2024 a últimamente más de 700 millones. En paralelo, el volumen diario de mensajes ha subido de unos 451 millones a más de 2.600 millones. OpenAI admite posibles duplicidades (varios dispositivos o cuentas), pero el salto de escala está fuera de duda.
La mayor parte del empuje reciente viene de nuevos usuarios: los veteranos mantienen estable su frecuencia diaria, mientras que las altas aumentan la actividad global. Hubo picos coincidiendo con lanzamientos de modelos clave, y el patrón sugiere que las novedades técnicas reactivan la curiosidad y el uso intensivo.
Por demografía, el perfil destaca un bloque joven: en torno al 46% tiene entre 18 y 25 años. Y también un cambio de equilibrio por género: la participación femenina ha crecido con fuerza y roza el 52%, cuando un año antes era sensiblemente menor. El uso, en suma, se ensancha y diversifica.
Otros usos menos frecuentes (pero en alza)
Al margen de la escritura y la información, hay categorías con menos peso relativo. La creación multimedia (imágenes y otros formatos) ronda el 6% del total y crece desde niveles muy bajos; y aparecen dispositivos como el lápiz inteligente que integra ChatGPT. La ideación creativa se queda cerca del 4%; los cálculos matemáticos rondan el 3%; y la reflexión personal o relaciones no llega al 2%, con los juegos y el rol en porcentajes testimoniales.
- Multimedia (crear o recuperar imágenes): ~6%
- Programación: ~4%
- Ideación creativa: ~3,9%
- Cálculo matemático: ~3%
- Relaciones y reflexión personal: ~1,9%
- Juegos y rol: ~0,4%
Limitaciones y notas metodológicas
Medir algo tan versátil tiene truco. OpenAI advierte de solapamientos entre categorías y de que los planes Business, Enterprise y Education no entran en la muestra, lo que podría infrarrepresentar usos claramente profesionales. También recuerda que se trata de un corte temporal, no de una sentencia definitiva sobre tendencias a largo plazo.
Y persisten limitaciones: el modelo puede errar datos o simplificar problemas complejos, de modo que la supervisión humana sigue siendo clave en contextos críticos. El auge de la función de búsqueda no elimina la necesidad de contrastar fuentes cuando la precisión es imprescindible.
Mirando el conjunto, la respuesta a por qué usamos ChatGPT está más cerca de la vida diaria que del futurismo: resolver cosas corrientes, encontrar información sin rodeos y escribir mejor. En el trabajo, se impone como editor y consejero más que como autor fantasma; en casa, como atajo práctico en apps como WhatsApp. Una herramienta que, sin hacer ruido, se ha instalado donde aporta tiempo y claridad.
